La máscara ha mutado.
Ahora es un dolor
sordo, desesperado,
algo que ni el Dador
podría, aunque quisiera,
separar de mi rostro
o fingida tesera
de nadie ya. Cagliostro
propondría un brebaje
que la licuara: viaje
decepcionante. Duela,
así pues, la fachada
que hoy exhibo, fijada
a un mar que ya no vuela.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario