Caen los asesinos
irremediablemente
del tiempo, que se escurre,
a una memoria negra.
Negra porque sus manos
acarician los restos
de esas calladas víctimas,
que no reaccionarán.
Nada borra la culpa,
que muerde como un ogro
rabioso; nadie escapa
a una conciencia fosca.
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