Se sienten los primeros
gorriones en el patio.
El otoño despierta,
legañoso, a la luz.
Las cortinas que un foco
destiñe se desprenden
de su tibieza. Nadie
sabe que no he dormido,
ni siquiera esa sombra
vacía como un sol.
Aprendiste a escribir de tu madre tu nombre. Eso es lo que recordás ahora, de repente. Pablo. Y en cinco letras un destino marcado. La...
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