De hace tres días tengo
conmigo una gramática
y un libro de ejercicios
de la lengua latina.
Me he puesto a traducir
oraciones lacónicas
de la primera, casi
sin esforzarme. Doce
años tenía, o trece,
cuando me la enseñaron.
Ahora los refloto,
Bouvard o Pécuchet.
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