Aprendiste a escribir
de tu madre tu nombre.
Eso es lo que recordás
ahora, de repente.
Pablo. Y en cinco letras
un destino marcado.
La poesía vino
más tarde: fiel temblor.
No escribo lo que siento sino palabras, una tras otra, que persisten en roturar lo arado por milenios. Algunos creen que es la emoción ...
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