Gavilla el corazón,
arde como las noches
en las que nada pasa:
sólo ceniza gris,
y que se enfrió, y que huello,
enarenado pozo.
(No hay hogar. Hay un líquido
blancuzco que se pierde
por entre las baldosas.)
Aprendiste a escribir de tu madre tu nombre. Eso es lo que recordás ahora, de repente. Pablo. Y en cinco letras un destino marcado. La...
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