Los peores demonios
albergo en mis entrañas.
Pelean entre sí
--¡y soy yo!-- todo el día.
Interior que, selvático,
no conoce el machete
o que, si lo maneja,
es para más herirme.
No escribo lo que siento sino palabras, una tras otra, que persisten en roturar lo arado por milenios. Algunos creen que es la emoción ...
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