Los peores demonios
albergo en mis entrañas.
Pelean entre sí
--¡y soy yo!-- todo el día.
Interior que, selvático,
no conoce el machete
o que, si lo maneja,
es para más herirme.
Una vieja cortina que fue blanca me impide ver los autos que pasan. Pero los oigo: cosen a través de la calle un silencio que tunde el...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario