Cada tanto aparecen,
perdidos en mis libros,
garabatos que hacías
en tus horas vacías.
Octavio Paz ahora
me la acerca de nuevo:
una A4 doblada
en ocho. ¡Qué estocada,
saber que en una frase
condensabas tu amor
por alguien que no escribe
pavadas, pobre pibe...!
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