Ya no tengo piedad
por nadie ni por nada:
mi corazón cedió
ante el odio del siglo.
La multitud se agita,
extenuada y medrosa.
Los francotiradores
no pierden un instante.
No escribo lo que siento sino palabras, una tras otra, que persisten en roturar lo arado por milenios. Algunos creen que es la emoción ...
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